“LA
TROCHITA” es parte de la gran historia de la Patagonia
Argentina. Debido a ella nacieron numerosos y esforzados pueblos,
los mismos que sufrieron con su decadencia. A pesar de que el
paso del tiempo la dejó fuera de la competencia con los
nuevos y más
veloces medios de transporte, este ferrocarril es hoy uno de los
más
valiosos patrimonios históricos, culturales y tecnológicos.
Es la muestra, aún viviente, del esfuerzo de la gente en
una tierra tan hermosa como agreste, prometedora pero sacrificada,
en tiempos en que el progreso era la fuente de todas las utopías.
“La Trochita”, su historia y la de su gente es sin dudas
fascinante y está escrita en cada pueblo, en cada vagón,
en cada estación… esto es sólo un pequeño
adelanto de lo que usted “puede vivir” a bordo de
este museo rodante, que sin dudas representa el verdadero “Espíritu
del Sur”.
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Un
grupo de amantes de “La Trochita”, entre los que se
cuentan gentes de toda la región desde Esquel a El Maitén,
y muchos viejos ferroviarios junto a otros aún en actividad,
han conformado una Asociación Civil que intenta poner todo
lo que puede para mantener vivo este ferrocarril. La Asociación
Amigos de “La Trochita” es quien ha volcado su colaboración
para desarrollar el área histórica que usted ahora
disfruta. Esta Asociación lo invita, SÚBASE
A BORDO del Viejo Expreso Patagónico…

•
La considerable longitud de su trayecto de 402 Km., absolutamente
inusual para la trocha económica de 0.75
metros en que fue construido el
ramal, además de las enormes dimensiones
del proyecto ferroviario primitivo.
• El
mantenimiento del carácter original del servicio, y en
particular de sus legendarias locomotoras a
vapor de 1922 todavía en uso,
algunas de las cuales son consideradas piezas
únicas por una de las propias firmas fabricantes.
• El deslumbrante
paisaje de la precordillera patagónica que recorre el tren,
en un trayecto donde las sorpresas están
a la vuelta de cada una de sus más
de 600 curvas y paraderos, en los
cuales el Tren se detiene obligadamente para abastecerse
de agua.
• La publicación
y el suceso del famoso libro de Paul Theroux titulado “El
Viejo Expreso Patagónico” publicado
en 1978, que narra el viaje
del autor en tren desde Boston hasta Esquel,
punto final de su trayecto en la legendaria trochita.
• La amplia
repercusión del posible cierre del ramal dispuesto en 1992
por el Estado Nacional, que fue evitado mediante
la oportuna intervención
de los Estados Provinciales de Río Negro
y Chubut en defensa de su patrimonio histórico. |

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A principios del siglo XX, sólo existían
dos ramales ferroviarios en la Patagonia. Ambos eran privados y estaban
lejos de conformar una red. Uno era el ramal Puerto Madryn - Trelew
en trocha de un metro, promovido por los colonos galeses del Chubut
y perteneciente a una compañía británica. El otro
era el ramal de trocha ancha (1,676 m.) de Bahía Blanca a Neuquén,
del Ferrocarril del Sud, también de propiedad británica.
Funcionaba además un servicio privado que conectaba las Salinas
Grandes con Puerto Pirámides, en Península Valdés,
(Chubut) y otro que utilizaba el presidio federal de Ushuaia, en Tierra
del Fuego.
En 1908 el Congreso de la Nación sancionó
la Ley 5.559 de Fomento de los Territorios Nacionales. Dicha ley había
sido impulsada por el Ministro Ramos Mexía para lograr el desarrollo
de la Patagonia, y promovía una estrategia de integración
ferroviaria de las áreas potencialmente productivas en los valles
cordilleranos y la meseta, combinando el uso del tren con las vías
navegables y los puertos marítimos.
La ley autorizaba al Poder Ejecutivo a estudiar, construir
y explotar ramales principales de desde Puerto San Antonio y Puerto
Deseado en el Atlántico hasta Nahuel Huapi (San Carlos de Bariloche)
en la Cordillera, con derivaciones a Comodoro Rivadavia pasando por
Colonia Sarmiento, a Lago Buenos Aires y a Colonia “16 de Octubre”
(Esquel-Trevelin), previendo además el tendido de otros ramales
a partir de las citadas líneas según se considerara conveniente.
Pero la ejecución del plan original sufrió interrupciones
al renunciar primero el Ministro Ramos Mexía en 1.913 y al estallar
poco después la Primera Guerra Mundial.
De todo lo proyectado del plan de trocha ancha sólo
se concretó parcialmente con el tendido de 283 km. de ramales
entre Puerto Deseado y Las Heras (Santa Cruz) y de 197 km. entre Comodoro
Rivadavia y Sarmiento (Chubut). Estos nunca llegaron a integrarse con
el otro ramal principal que se tendía a su vez entre San Antonio
y Nahuel Huapi. Este último llegó en 1916 hasta el Km.
448 (después denominado estación Ingeniero Jacobacci)
que durante varios años fue punta de rieles. Recién en
1934 esta línea, la única de las tres originales de la
ley 5.559 que fue continuada, llegó a San Carlos de Bariloche.

Después de la Primera Guerra Mundial, el Gobierno
Nacional decide finalmente construir el ramal a Colonia 16 de Octubre
utilizando la trocha económica de 0.75 m. Para comprender mejor
el origen de esta decisión, podemos decir que los ramales de
trocha angosta de 0.60 m. denominados de tipo “Decauville”
habían sido utilizados con frecuencia durante dicha guerra para
el aprovisionamiento de los frentes y, luego de finalizada la misma,
jugaron un rol importante en la reconstrucción de los campos
de batalla en Francia y Bélgica.
A modo de red alimentadora (“Feeders”)
de las terminales de carga de la zona de Bahía Blanca, la trocha
angosta fue utilizada, con singular éxito, en zonas de producción
agropecuaria de la Provincia de Buenos Aires como Balcarce, Cascallares,
Copetonas y Orense, donde llegaron a establecerse 4 redes que sumaban
372 Km. de vías que enseguida transportaron miles de toneladas
de carga.
En el contexto recesivo de la post-guerra, que limitaba
los fondos requeridos para completar el tendido de los ferrocarriles
patagónicos de fomento estatal, la trocha angosta fue visualizada
como una posibilidad cierta. La elección de la trocha de 0.75
m. posiblemente haya sido favorecida también por la disponibilidad
de locomotoras de parte de algunas firmas proveedoras.
Y, pese a que su utilización para fines tan
ambiciosos podría haberse considerado dudosa, se decidió
adquirir, en 1.921, todo el material ferroviario para unir no sólo
Colonia 16 de Octubre con Ing. Jacobacci, sino también el necesario
para extender dicho ramal hasta conectarlo con el ramal Puerto Madryn-Dolavon
de trocha 1.00 m. que nunca llegaría a completarse. Surgió
así la denominada Red de Ferrocarriles Livianos de la Patagonia
que incluiría a nuestro querido Viejo Expreso Patagónico
“La Trochita” como parte integrante de la misma.
La compra de vehículos de pasajeros y vagones
para hacienda y cargas se realizó en 1.922, adquiriéndose
en dos operaciones a la Sociedad Anónima Atelliers de Construction
et a Familleureux un total de 230 vagones plataforma, 150 vagones medio
cajón, 110 vagones cubiertos, 100 vagones para hacienda vacuna,
100 vagones para hacienda lanar, 35 tanques para agua, 35 tanques para
petróleo, 50 furgones para trenes mixtos, 25 coches de primera
clase, 25 coches de segunda clase, además de repuestos para coches
y vagones.

Las primeras 50 locomotoras a vapor con 0,75 m de
trocha fueron compradas a la firma Henschel & Sohn de Alemania, que
luego proveyó
también 4 locomotoras ténder a petróleo para maniobras
y 2 ténders-grúa. Además se compraron otras 25
locomotoras a la firma The Baldwin Locomotive Works de Filadelfia
(Estados Unidos).
El total del material adquirido para los ferrocarriles
de trocha de 0,75 m fue, en conjunto, el siguiente:
79 locomotoras
50 coches de pasajeros
50 furgones
690 vagones de carga
70 vagones tanque para petróleo y agua
2 tenders-grúa
1.390 kilómetros de vía, comprendiendo los accesorios
Todos estos materiales fueron acopiados en los puertos
de Madryn y San Antonio; los rieles fueron transportados en tren desde
San Antonio hasta Ingeniero Jacobacci (Km. 448).
Un Decreto Nacional del 7 de octubre de 1.922 aprobó
la modificación parcial y la ampliación del plan anterior,
transformándolo en uno nuevo de ferrocarriles económicos
de trocha de 0.75 m, totalizando un recorrido de 1.225 kilómetros
que nunca llegaría a concretarse.

En la costa Atlántica, se instaló dentro
de la trocha de 1,00 m. que funcionaba entre Trelew y Dolavon el tercer
riel para una trocha de 0,75 m, prolongándose luego esta trocha
angosta hasta Alto Las Plumas. Se efectuó también el tendido
ferroviario de 0,75 m desde Trelew hasta Rawson y Playa Unión
y finalmente se colocó el tercer riel a Puerto Madryn. De esta
manera, se había dado un paso inicial para acercar el ferrocarril
del Atlántico a la Cordillera, tendiéndose a unificar
el servicio en trocha angosta de 0,75 m.
Fuertes crecientes ocurridas en los años 1.931
y 1.932, produjeron daños de importancia, destruyendo muchas
partes de terraplenes y las obras de arte provisorias, quedando muy
pocos trechos de las vías libres de perjuicios y obligando a
un replanteo general de la obra. En el año 1.934 fueron reanudados
los trabajos que continuaron con toda intensidad desde entonces, aprobándose
sucesivas partidas presupuestarias a medida que avanzaban las obras.
Entre las obras de importancia que fue necesario efectuar,
figura un puente de hierro sobre el río Chico de 105 mts. de
luz y un túnel de 110 mts. de largo. Llegaron a trabajar en la
obra casi un millar de obreros. Fue notable la cantidad de inmigrantes
de puntos muy diversos del planeta que llegaron para trabajar en el
ferrocarril.
En condiciones particularmente duras por las inclemencias
climáticas y las condiciones de trabajo, trabajaron macedonios,
griegos, croatas, búlgaros, turcos, hindúes, ucranianos,
polacos, etc. Muchos de ellos se asentaron luego en la región,
constituyendo familias definitivamente integradas a la Patagonia.
Los trabajadores, cuyas principales herramientas fueron
el pico, la pala y ocasionalmente la dinamita, estaban organizados en
cuadrillas independientes asignados por tramo. Los campamentos utilizaban
típicas pero elementales casillas de chapa, en ambientes donde
las temperaturas extremas son habituales tanto en verano como en invierno.
En 1.935 fueron librados al servicio los primeros tramos
de la línea de ferrocarril que fueron ampliándose a medida
que la obra progresaba. Los estudios hasta Esquel fueron ejecutados
en 1.937. En 1.941 el ferrocarril llegó a El Maitén, sede
de importantes talleres ferroviarios, y el 25 de mayo de 1.945 el ferrocarril
entró triunfalmente a la ciudad de Esquel.

Si bien es cierto que su llegada se vio demorada por
largos años, es indudable que tanto el proceso de construcción
como la llegada del ferrocarril tuvieron un impacto significativo en
la región.
El ferrocarril funcionó como servicio exclusivo
de carga hacia y desde Esquel hasta 1.950, lo cual brinda una idea del
intenso movimiento comercial. Todos los insumos del norte ingresaban
por ferrocarril provenientes de Ing. Jacobacci mientras que la lana,
los cueros y la hacienda en pie se despachaban desde Esquel, Trevelin
y fundamentalmente desde las distintas estaciones ubicadas a lo largo
de las diferentes estancias pertenecientes a la Argentine Southern Land
Company.
En 1.950 se inauguró el servicio de pasajeros
que, al igual que el servicio de cargas, funcionaba en combinación
con el ramal de trocha ancha que comunicaba la zona con Ingeniero Jacobacci
- San Antonio Oeste – Viedma - Carmen de Patagones - Bahía
Blanca -Buenos Aires. Los pasajeros llegaban a Ingeniero Jacobacci,
donde los más afortunados abordaban un vagón dormitorio
del ramal de trocha ancha, que luego se enganchaba al tren que circulaba
desde San Carlos de Bariloche con dirección rumbo al Atlántico.
Las décadas del ‘50 y del ’60 eran
épocas en que circulaban hasta tres servicios diarios entre los
extremos del ramal de trocha angosta, cada uno con cargas que podían
alcanzar hasta 200 toneladas. Incluso en la década del ’70,
los materiales destinados a la construcción de la Represa Hidroeléctrica
Futaleufú, fueron transportados también en La Trochita.
El Maitén, pueblo ferroviario por excelencia,
concentró en sus talleres los servicios de reparaciones y mantenimiento
de vías y obras más importante del ramal. En sus instalaciones
llegaron a trabajar hasta 200 personas. Los talleres aún
funcionan y allí se concentra la mayor parte de esas verdaderas
joyas mecánicas
sobrevivientes, las locomotoras Baldwin y Henschel, que aún
funcionan milagrosamente con toda su originalidad.
Los años ’60 corrían todavía
con el mismo encanto del ferrocarril a vapor. Como dijo el famoso personaje
de la película “El profesor patagónico” asomándose
a una de las pequeñas ventanillas de La Trochita en movimiento
“aquí se respira Patagonia por los cuatro costados”.
Y pese a los sinsabores de la historia, esa agradable
sensación expresada por el inolvidable actor argentino Luis Sandrini,
puede comprobarse todavía en nuestros días viajando en
la Trochita.

Prolongándose hasta el cierre del ramal decidido
en 1.992 y concretado en 1.993. En 1.961 ya había sido levantado
el ramal Puerto Madryn – Trelew – Rawson - Alto Las Plumas
y a finales de los ´70 sufrieron igual destino el ferrocarril
Puerto Deseado - Las Heras y el de Comodoro Rivadavia - Colonia
Sarmiento.
Es indudable que, a medida que mejoraron las rutas
y se modernizaron los camiones, en la Argentina la competencia del transporte
automotor fue desplazando al ferrocarril en el transporte de cargas,
que se tornó comparativamente menos eficiente. Pero además,
debe decirse que La Trochita no pudo escapar al proceso de deterioro
de la que fuera una de las grandes redes ferroviarias del mundo y la
única merecedora de tal nombre en América Latina.
En el caso de los ferrocarriles patagónicos,
éstos pagaron aún más caras las consecuencias de
estos avatares de la historia, porque se trataba de ramales que no habían
alcanzado a constituir una red integrada y estaban además vinculados
a poblaciones de menor tamaño. Su funcionamiento podía
sustentarse más en el interés social que en el económico.
No eran atractivos para el capital privado, como no lo fueron a principios
de siglo.
En el caso de La Trochita, algo sucedió. Se
había hecho famosa y querida para los argentinos y para el mundo
por otros motivos. Los mochileros que viajaban en verano a la Patagonia,
la prensa, el cine, la televisión e incluso la literatura internacional,
la habían hecho trascender. Y cuando el cierre del ramal era
inminente, se alzaron voces desde todos lados que no la dejaron morir
en el momento en que todo parecía perdido.
Vale la pena recordar aquí una nota aparecida
en el New York Times News Service en 1.992, escrita por Nathaniel Nash
y titulada “Por la suerte del Patagonia Express” que decía:
“La verdad es que el
ferrocarril no es llamado el Viejo Expreso de la Patagonia, el título
fue inventado por Theroux y puesto en su libro. Dista mucho de ser un
expreso, resoplando a lo largo de las vías arrojando enormes
bocanadas de humo negro, haciendo no solamente sus 14 paradas oficiales,
sino muchas más cuando encuentra pasajeros a medio camino. Los
argentinos lo llaman La Trochita. En cada viaje, la gente local ocupa
totalmente las bancas flojas de madera y bebe yerba mate, la bebida
caliente argentina, y se congrega alrededor de la pequeña estufa
de leña que hay en el medio de cada carro y se sacude en su viaje
de 14 horas hasta Esquel. La única esperanza que queda es que
los inversionistas sean convencidos de que La Trochita tiene un valor
histórico y turístico. Como me dijo un Intendente, este
es uno de los viajes más singulares del mundo en uno de los lugares
más singulares del planeta. La gente siempre se siente impresionada
por la Patagonia.”
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